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Pierre Menard poesía. Homenaje de un homenaje

Entrevista a Christopher León, creador de Pierre Menard, proyecto poético para el fomento lector: «La mejor forma de celebrar un fruto ilustre de la concisión es rodearlo de silencio».

Fue hace 7 años que conocí a Christopher León. Hasta hace un tiempo atrás, ambos trabajábamos para la misma fundación que aborda temas asociados al fomento del libro y la lectura. Parte de la pega consistía en reuniones trimestrales en las que se debatían y evaluaban los proyectos de los que formábamos parte. Como nuestro empleador operaba a nivel nacional, convocaba a colegas del norte, sur y centro del territorio, cosa que permitía poner una cara a las personas que sólo conocías por correo.

Estos encuentros —esta era la mejor parte— siempre cerraban con jornadas de camaradería que algunos sabíamos estirar hasta más tarde de lo convenido. Lo curioso es que estas salidas de libreto, lejos de ser fiesta, terminaban convertidas en una dilatación de las mismas reuniones, sólo que ahí se debatía en serio, libres de los rayados de cancha de los jefes, de las cifras, las estadísticas o de los protocolos de conducta a los que someten las formas contractuales. En una de esas horas extras voluntarias, Christopher León, quien ya había dejado entrever una inclinación por la poesía en sus posturas argumentativas, nos regaló a los presentes un pequeño libro negro de autofactura. Su título: Libro negro. 

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Pasados los días, tuve el tiempo para apreciar el obsequio. El artefacto era un corpus de poemas construido en base a recortes de un libro de psicoanálisis. Una operación de montaje que lograba forma, coherencia y sentido. El texto, que aún conservo, arranca así: “Veremos, en este libro, conversaciones imaginarias, una frenética ambición, experiencias humillantes, y el abandono del verdadero yo”. Lo último adquiría cuotas de sentido ya que el nombre del autor no figuraba en ninguna parte.

No fue hasta cuatro años después, en un viaje que hice a Chiloé, que volví a cruzar caminos con León, quien estaba a cargo de la Casa de Artes y Oficios de Ancud, centro cultural autogestionado y voluntario que operaba en colaboración con la Residencia Permanente Santa Mónica (SENAME), dependiente de la Sociedad Protectora de la Infancia. El espacio, envidiable en cuanto espacio e infraestructura, era una casona que contaba con  biblioteca, invernadero, un ropero comunitario, sala de reuniones y un cementerio de bicicletas de donde se extraían las piezas para armar improvisadas bicis a los niños del hogar de menores que quedaba justo al lado. Conservo esa imagen intacta. Hablo en pasado debido a que este centro cultural se terminó de forma abrupta por un incendio que lo afectó durante el 2018. Hecho lamentable tanto para su gestor como para la comunidad que se había visto beneficiada por los talleres y actividades que entregaban.
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Previo a este hecho funesto, León supo ocupar este lugar como laboratorio y a los niños que lo visitaban como los sujetos experimentales que ayudarían a configurar la forma final de Pierre Menard poesía, herramienta de fomento lector dotada de una bibliografía colaborativa que toma su nombre prestado de Pierre Menard, Autor del Quijote, relato de Jorge Luis Borges, publicado en 1939, que marca “una de las escasas fechas esenciales de la historia de la literatura”, sobre un oscuro escritor simbolista francés obstinado en “producir unas páginas que coincidieran –palabra por palabra y línea por línea– con las de Miguel de Cervantes”. “No quería componer otro Quijote –lo cual es fácil– sino «el» Quijote”.

—En tus palabras, ¿Qué es Pierre Menard poesía? 

Es un proyecto poético para el fomento lector. Un escenario de montaje textual para espacios de lectura análogos y digitales.

Por una parte, es una pieza gráfica que consiste en dos ventanas de madera convertidas en pizarras, las que alojan una selección de versos impresos en serigrafía junto a recortes de enciclopedias viejas. Todo el material es magnético, lo que permite trabajar el montaje independiente de las piezas en posición vertical. La primera ventana, de mayor tamaño, o paradigma, reúne todos los versos disponibles. La otra ventana, o sintagma, es la zona de composición.

En conjunto, es un algoritmo alojado en la web de Pierre Menard, que permite hacer collage desde una base de datos colaborativa de versos. Digamos que es una antología que irá puliéndose en el tiempo con el apoyo de entusiastas. Hasta ahora tenemos 734 versos, todos de distintos escritores, como requisito todos editados en papel.

—¿Cuáles son los criterios de selección o de recopilación de esta bibliografía colaborativa?

El criterio es que sean versos que al leerlos te planten una imagen bella en la cabeza. Otro requisito es que tengan potencial de hermanarse con otros versos, que funcionen en varios contextos.

—De los seleccionados, ¿tienes algún verso preferido?

Qué difícil. Uno de mis versos preferidos es “En dorados yámbicos deletéreos”, un perfecto pentámetro shakesperiano de Ricardo Vivallo. También se me ocurre “El amor se burla del fin del mundo”, de Jaime Quezada.

—¿Cuál es la historia tras este proyecto?

Por el 2013, trabajaba como asistente técnico en bibliotecas escolares en la Región de Los Lagos. Parte de la pega era crear dinámicas que le dieran vida a la colección completa, no sólo a los libros infantiles que eran la mayoría. Junto a eso, siempre fue un problema deshacerse de los libros viejos o de los que había muchas copias. Por lo que comenzamos a recortarlos en talleres de artes visuales para descartarlos de forma elegante.

Para el 2016, en Chiloé, teníamos una biblioteca comunitaria en la Casa de Arte y Oficios, donde el ejercicio dio resultados diversos, los que fueron evolucionando favorablemente desde que lo bautizamos como Pierre Menard y comenzamos a usar el imán como un recurso más en el ejercicio de composición de los collages.

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—¿Por qué optaste por la poesía y el collage para construir la herramienta Pierre Menard?

Ambas actividades me llenan de satisfacción. Pero, como mencioné antes, también hay una razón pedagógica y de factura: fue ideada en bibliotecas escolares y concebida en una biblioteca comunitaria, donde la mediación es más importante que la colección. Usamos lo que había: libros viejos, tijeras, stick fix. Poco a poco fuimos sofisticándola hasta convertirse en lo que es hoy. Han intervenido varios amigos y colaboradores.

Además, poesía y artes visuales son primas, si no hermanas. Nuestro Pierre Menard trabaja por hacerles espacio bajo un mismo techo.

—El gremio ligado al mundo del libro y la lectura puede ser un tanto conservador, especialmente el caso de las bibliotecas escolares. ¿Encontraste resistencias para realizar un proyecto que podría ser tildado de vanguardista para quienes conservan una visión romántica de la lectura?

Los colegios son extremadamente conservadores, pero todo el recelo desaparece cuando los profesores y directivos entienden el radical poder transformador de los libros en los niños. Con estándares altos, un mediador de lectura apasionado, dignificado en su labor, y una colección desafiante, la biblioteca escolar puede llegar a ser el alma de un colegio. Es cosa de trabajar por construir la biblioteca con la que soñabas cuando cabro chico. Aunque en este momento soñar con bibliotecas parezca ingenuo y deje un sabor amargo en la boca.

—¿Cómo se relacionan el Pierre Menard de Borges con Pierre Menard poesía?

Es, por supuesto, un homenaje. Un homenaje de un homenaje ya que el cuento es presentado como una necrológica que escarba en las obsesiones lectoras y el hurto como recurso de composición.

Pero para qué ahondar en eso. Podríamos construir una catedral con tesis académicas dedicadas a Ficciones —libro de Borges donde aparece este relato— pero me parece un tanto ridículo. Creo que la mejor forma de celebrar un fruto ilustre de la concisión es rodearlo de silencio.

El vínculo se establece desde el título hasta el epígrafe de nuestro proyecto: “Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será”.

—Ya que fue el lugar que vio nacer a Pierre Menard Poesía, y que tuve el gusto de conocerla, no puedo dejar de preguntarlo. Luego del incendio, ¿qué pasó con la Casa de Artes y Oficios?

Quienes están a cargo de Sename no entienden el poder transformador de la cultura, lo ven como una distracción inútil si no derechamente como una amenaza. Es un mundo de dolor y trauma en el que nadie quiere entrar, a veces ni quienes trabajan ahí. La experiencia de la casa de Artes me dejó bellos recuerdos junto a un universo de decepción con el Estado, la Municipalidad de Ancud, los pacos, ratis, el poder judicial, y por sobre todo el mundo privado.

Aun así, sabíamos que caminábamos en la cuerda floja: trabajábamos con una institución que lleva 120 años de asistencialismo católico recalcitrante, y que se espantaba al vernos hacer yoga, tango, o capoeira, mientras ignoraban mis peticiones de invertir en seguridad. Supongo que me dejaban hacer porque Ancud les queda lejos. La cosa es que después del incendio, Sename comprometió fondos para reconstruir, igual que la gerencia de la Protectora de la Infancia, pero a las dos semanas me llamaron por teléfono para informarme que, tras una reunión de directorio, se decidió quitar el piso al proyecto. Muy a la chilena. Un directorio de viejos de mierda con apellidos viñateros y una kilométrica distancia con los niños resolvió que ya no querían trabajar con la comunidad. Aunque dolió, no me sorprendió. El Sename concentra la injusticia y la negligencia de este sistema.

—¿Cuál es el futuro del proyecto?

Por ahora estamos trabajando en convertir la herramienta en una aplicación donde agregar funcionalidades, como un editor gráfico que permita borrar palabras. Con esto, las combinatorias textuales se multiplicarían de formas incalculables.

Estamos decidiendo si introducir versos de músicos. Sabemos que haría aparecer cientos de colores nuevos en la paleta, pero tal vez traicionaría el espíritu que nos convoca. En este primer estadio insistiremos en homenajear el texto impreso. Eso no quita que registremos los versos que no caben: quizá desarrollemos una plataforma paralela donde quepa todo, incluso versos propuestos por los usuarios.

Por otro lado, estamos esperando a que se vuelvan a abrir los colegios, ya que este proyecto implica la donación de 15 piezas análogas de Pierre Menard a colegios a lo largo de Chile, en coordinación con Fundación La Fuente.

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Christopher León

Pasó su infancia en Antofagasta, estudió en Santiago y hace 8 años se radicó en Chiloé con el amor de su vida y cada vez con más perros. Tras trabajar en gestión de bibliotecas escolares decidió volcarse al sueño de crear un centro cultural de inclusión para Ancud.


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