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POESÍA

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San pedro y otros poemas

Juan Morel Rioseco

SAN PEDRO


He entrado en casas familiares
Donde siguen creciendo cactus alucinógenos
Que fueron plantados en plena juventud 
Asumiendo que un día habría tiempo para la cosecha

El adorno momentáneo se fue haciendo permanente
Ya no hay tardes tan largas para alargar el tiempo de esa forma
Ahora los juguetes de los niños interactúan con el tallo verde
Sin saber lo que oculta en sus espinas
Los rostros que aparecen como un juego secreto
Entre los sentidos y los manuscritos de la mente

Los juguetes tienen el mismo destino del cactus
Perder un día la función que los trajeron a esa casa
Quedar en el mismo rincón
Esperando ser nutridos por la tierra del mismo patio
Que asume la función de la memoria
Cuando todos olvidaron recordarla


AL PARTIR DEL POLVO


El polvo nos recuerda nuestra efímera existencia
La obligada destrucción de la cosa que acontece
La pregunta por lo justo, las cadenas, el origen
Olvida su importancia ante el polvo que se muestra.

Todo aniversario es agonía ante la muerte
Los sueños nos revelan la existencia del deseo
La cara del entonces que no es un todavía
La pretérita materia que hecha imagen prevalece.

Convivo entre fantasmas si se muestran indudables
Si aparecen por las cosas que nunca entenderemos
El querer también se adapta y se adapta bien el vino
A la efímera existencia que se pierde en cada instante.

Se hace tarde, es de noche y es el cuerpo lo que tiembla
Sometiéndose a la fuerza que de siempre nos habita
La que ayer soplaba el viento, la que vio nacer las flores
Despertar cada mañana y saludar desde la niebla.


ATARDECER SITIADO


Los atardeceres en el cielo no son infinitos
se acaban para arriba y hacia la noche
son la atmósfera reflejando el declinar de nuestros días
las emociones atascadas entre fechas que han vencido

No es el sol ofreciendo un buen final a la jornada
Ni la metáfora que atrapa la esperanza en lo celeste
Son el ángulo cansado traz la luz que al medio día
Sometió a los transeúntes a sentarse en cada sombra

No es la paleta de colores descansando hasta mañana
Para ofrecerle lo posible a quien observa el equilibrio
es la pantalla que proyecta que existimos todavía
y abre pasos a los nombres de los soles que ya han muerto


CUESTA CREER QUE SEAN ASTROS


De tanto mirar el cielo de Santiago
Ya no reconozco las estrellas
no sé si es polvo pegado en los vidrios
o aviones que dejaron de moverse
tras haberlo visto todo

Pero cuesta creer que sean astros 
Soles y planetas bailando en la lejanía  
Sin saber que alguien los observa  
Entre los edificios de un planeta 
En que en uno de sus lados 
Ya se ha hecho de noche 


 

POEMA APOCALÍPTICO



El agua saldrá caliente por los lavatorios sin calefón
Ante el desconcierto de las patrullas
No brotará vapor del ladrido de los perros en la noche. 

Alguien buscará el agua que hubo alguna vez en la mezcla del cemento 
La lluvia será un mito del que hablaban los ancianos. 

Las fotografías del pasado esperarán en las memorias petrificadas
Que anuncian la venida de los arqueólogos del futuro. 

Los terremotos serán el ardor de un muslo y no habrá mano que lo arañe 
Porque las manos estarán cavando en búsqueda de su último mensaje. 

Entre las ruinas de los bares se compartirá el recuerdo de la cerveza  
El polen del que hablaban los libros que solían ser profanos. 

No habrá enchufes, pero el polvo se atascará como instrumento   
Que promete que lo sólido acabará por arenarse.  

La Serena, 5 de octubre, 2018 


VISTA DESDE EL CERRO 


Santiago, pudiendo ser ambiente 
más bien te pareces a un pan pellizcado  
por hambrientas manos chicas  

Y tienes un graznido de motor atorado silbando en las calles  
hojas quemadas aun sobre las ramas  
y palmeras extranjeras y antenas  
diciendo que aún hay vida en la cima de los cerros 

Las metálicas telarañas que se tejen entre tus edificios
perdieron cualquier parecido al peumo y a las lagartijas 
aun cuando dejas que en medio de las calles  
convivan ocultos el litre y la zarzamora  

Hay helicópteros que dicen proteger tu integridad 
pero son otros los criterios de las zonas protegidas 
y aunque tus habitantes prediquen en las plazas  
que el plástico y las latas se reintegrarán a la tierra  
nadie merece este caos sosteniéndose de cables  

A veces, cuando bostezas,
como levantando rocas que creíamos inertes
una muchedumbre se atora en los senderos
que terminan en el último de los árboles
–porque no todos los senderos acaban con la muerte o con la altura–
pero rápidamente te vuelves a vestir
con las gotas de los perros que se sacuden tras la lluvia  

Cuánta piedra es necesaria
para que convivan las carreteras y los pájaros pesimistas
cuántas cañerías trabajando bajo tierra
y embajadas de países en cuyas pampas
nunca nacieron ciervos tan pequeños  

No debieses anunciarte tanto ni con tan poco presupuesto
es preferible detenerse budistamente a mirar las micros
esperar las tormentas que profetizan en los diarios
y dejar tranquilas a las grúas asomarse al paraíso 


UN GATO QUIERE ENTRAR A MI CASA Y YO SE LO PERMITO


Alguien prende una chimenea a fines de octubre
Yo intento amarrar pesos a las cortinas que se vuelan con el viento
He escuchado los pasos de todos los que recorren este pasillo
Un gato quiere entrar a mi casa y yo se lo permito.
La araña baja en un silencio minucioso
-un soltar minúsculo de sonido que no escucho-
pero se arrepiente a medio camino al ver que la he mirado
y yo me arrepiento al mirarla de hacer algo al respecto.
El motor de un auto sigue siendo más simple que el motor de los árboles
El viento pareciera atravesar el vidrio, pero es solo un quejido
Sabe que no puede votar los edificios de un país que nació de un terremoto
El humo de la chimenea, sin embargo, se cuela entre las grietas
porque ni las ventanas, ni los abrazos, ni los dedos presionando el agujero,
ni los pesos sobre las cortinas, ni el pasado reciente de los pasos del pasillo
pueden cubrir el espacio que aparece entre cada unión de un elemento.
Y octubre lo sabe tan bien como el gato que envía este mes a saludarme
Para que yo tenga algo que contarle.  

Octubre 2018


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Juan Morel Rioseco (Santiago, 1985). Sociólogo, licenciado en estética y músico. Ha investigado y publicado sobre anarquistas chilenos de principios del siglo XX.

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