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CRÓNICA


NOTA AL LECTOR:
Encontramos este texto el 2017, mientras seguíamos el derrotero de picadas trazado por Alfonso Alcalde en el libro Comidas y Bebidas de Chilepublicado en la colección Nosotros los chilenos de la Editorial Quimantú en el año 1972. Una de las metas de este viaje era llegar al Barrio Chino, rincón gastronómico ubicado en el pueblo portuario de Lirquén, descrito por el escritor como una “picada donde se reúnen los que saben [...] una calle estrecha y corta donde en los días de sol los buzos cuelgan sus trajes con parches de todos los colores”(1).  Para fascinación nuestra, la crónica, titulada Doña Leo y sus 140 maridos, publicada en 1989 en la extinta sección La Gaceta del diario El sur de Concepción, colgaba celosamente dentro de un cuadro que se exhibe en uno de los decorados muros del restaurant La Nave, cocinería emblema de este cónclave de picadas costeras. Luego de comer pescado frito y tomar ponche de piure, hablamos con la dueña, la hija de doña Leo, y obtuvimos el permiso para fotografiar el cuadro y así captar de forma legible las dos páginas del diario que fueron enmarcadas con el fin de conservar la historia de su difunta madre, quien, en los años ochenta, llegó a convertirse en una estrella televisiva y el objeto de amor de más una centena de hombres. De Alfonso Alcalde no tenía la menor idea, cosa que no es para extrañarse, su figura siempre ha ocupado un lugar marginal dentro de la literatura nacional. Al no encontrar rastros de esta crónica en internet o en libros(2), decidimos transcribirlo por el interés que nos despierta como proyecto. 
Las imágenes que se sirven acompañadas al relato, fueron tomadas ese mismo día por nuestra colaboradora Loreto Aroca. 

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Doña leo y sus 140 maridos

Alfonso Alcalde

Caminando por pueblos y ciudades en la búsqueda de personajes populares para un programa televisivo, encontré por una casualidad en la entrada del casi mitológico Barrio Chino de Lirquén a doña Leo. Después, por la magia de las circunstancias, también pasaría a llamarse Leodecia, Lionor, Leontina, Leodina, Leovina. Es una mujer baja, llamativa, bastante maquillada, con un anillo, algunos bastante espectaculares, en cada dedo. Nunca imaginó que en ese momento que empezamos nuestra conversación su vida cambiaría por completo. Se transformó en otra persona, porque simplemente la casualidad o la buena suerte golpeó a su puerta. Fue elegida para transformarse en la protagonista de un verdadero suceso que conmovió a miles de personas. Y lo más curioso fue que todo se produjo porque ella, frente a las cámaras, contó su modesta biografía que estaba relacionada con los sentimientos y el amor. “Estoy sola -dijo-, y busco al ser con quien compartir el resto de mi vida”. Como si fuera una experimentada estrella de TV o de cine, esta mujer que fue cocinera, garzona y ahora propietaria de un restaurante sugestivamente llamado “La Nave”, se convirtió en un símbolo de miles y miles de personas que estaban en su misma situación. Era la mujer que estaban esperando muchos hombres. Por eso se produjo el diluvio de cartas. Todas tenían algo en común: le ofrecían matrimonio de inmediato a doña Leo.

LA SOLEDAD MULTIPLICADA

Bastó verla y escucharla y pasó a ser “esa alma gemela” buscada con desesperación pero que no está en ninguna parte. Dijo la entrevistada: “Sigo a la espera del capitán que se haga cargo del timón de mi negocio, para afrontar todas las tormentas y llegar a buen puerto: el fondo del corazón”. Casi argumento de telenovela, y en las misivas de sus corresponsales fue apareciendo un mundo doloroso, a veces hasta resignado y vacío, de quienes, con letra temblorosa, se abrían para mostrar su drama. El drama insondable de la soledad de la pareja en la antesala del siglo XXI. Eran choferes de taxis, profesores, jubilados de ferrocarriles, obreros de la construcción, contadores, mecánicos, electricistas, profesores de karate. Todos se presentaban con cualidades coincidentes: sin vicios, muy de su casa, sin ningún interés por los bienes materiales ni la belleza física. En cambio, pedían ser escuchados, comprendidos, y sentir el cálido apoyo de una mujer que llegado el momento “les llevara un vaso de agua antes de morir”. Uno de los... galanes no quiso perder un solo minuto. Un poco a la antigua apareció con un impresionante ramillete de rosas. Había que cerrar el negocio y partir a la luna de miel. Pero tuvo que sentarse a esperar. Otro de los pretendientes llegó con su familia: padre, madre, hermanos, cuñados. Sin darle tiempo para una respuesta la subió a su auto para mostrarle una mansión que estaba terminando. Le dijo: “Quiero que elijas los muebles y las flores del jardín”. Varios llegaron con una maleta con la intención de quedarse para siempre. El teléfono no cesaba de llamar. Larga distancia: Amor eterno desde Toronto, Quebec, Nueva York donde los chilenos reciben periódicamente el video del programa. 
Doña Leo toma el asunto con calma. Sabe por experiencia lo efímero de las pasiones un tanto ciegas y precipitadas. Decidió esperar, pero a la vez inició un juego inocente y motivador. Contesta todas las cartas. Les pide fotos a sus pretendientes. Y en ese instante se inicia una relación en que van apareciendo, sin reservas, las cualidades, virtudes de sus pretendientes, sus frustraciones, sus mínimas alegrías. Así surgieron las 140 biografías que podrían ser incluidas en el libro como reflejo impactante de la soledad. En esa avalancha de confesiones y promesas desfilan los sueños y las fantasías, el deseo de encontrar un nuevo sentido de las cosas, descubrir la paz interior, saborear un plato de comida que tendría otro sabor cuando es compartido entre dos o salir, por último, al encuentro de lo que alguno nunca tuvo o se les escurrió entre los dedos: una motivación que justificara su paso por esta tierra. De las montañas de cartas recibidas por doña Leo, estos son algunos de los párrafos marcados y más significativos:

LO QUE DICEN LAS CARTAS 

…”Me llamo Gaspar y me gustaría pasar los últimos días de mi vida a su lado, porque usted es la persona que estaba esperando. Me gusta la naturaleza, la vida al aire libre. No tengo vicios, ni alcohol ni tabaco. Bastaría que me llamara para volar a su lado y quedarme para siempre”. 

…”Igual que usted me rodea una gran soledad y mi deseo es encontrar una mujer que comprenda los reveses de la vida. Quiero que me otorgue la dulce oportunidad de amarla con la gran pasión que usted se merece. La imagen de su rostro quedó grabada en mí para siempre, en lo más profundo de mi corazón”.  (Atilio) 

…”He tenido muy mala suerte y es la primera vez que me contestan una carta en mi vida. Eres una hermosa mujer y por eso todos nos enamoramos de ti cuando apareciste en la pantalla. Ojalá que la suerte sea para mí, y ruego a Dios para que así sea”. (Juan)

…”La encontré sencillamente encantadora y quiero que me dé la oportunidad de la vida para hacerla feliz. Soy profesor y me gustan mucho los niños”. (Fermín).

“Soy viudo, tengo casa propia y vivo solo, 65 años, 1,68 de estatura, ojos verdes, pelo castaño, ondulado. Formaríamos la pareja ideal porque para el amor no hay edad. Mi estado físico es excelente y espero no defraudarla si es que me diera una cita”. (Natalio).

…”Usted es una flor hermosa y yo me encargaré de ser su jardinero y protegerla del frío y de los temporales de la vida para que siempre se muestre lozana y primorosa al compartir las noches interminables que son producto de la soledad. Siempre es oportuna la bendición de Dios cuando el amor reúne a las personas que sólo han conocido el sufrimiento y la soledad” (Hugo).

…”Creo que usted puede ser mi esposa porque tiene el corazón de oro y compartiremos los momentos buenos y malos”. (Eduardo Manuel).

AL ENCUENTRO DEL AMOR 

…”Cuando recibí tu foto construí un castillos entre nubes de algodón donde viviremos los dos solos, separados del mundo, para disfrutar toda la felicidad”. (Domingo Alberto). 

…”Vivo en una casa propia con escritura y todas las de la ley y ese sería nuestro refugio para vivir hasta que la muerte nos llamara ojalá a los dos juntos. A mí me gustan las mujeres gorditas como usted”. (Sergio).

…”Quiero que vivamos felices los años que tenemos por delante y amarnos plenamente como personas adultas aunque no somos tan viejos para dedicarnos a la castidad”. (Robert).

Las cartas continúan multiplicándose. Doña Leo sí que tiene quien le escriba. El protocolo de la correspondencia tiene su reglamento: ¨Primero la presentación, luego algunos datos profesionales, la foto, enseguida la confesión de los fracasos de experiencias matrimoniales frustradas. Algunas misivas son de viudos desconsolados, otras de quienes deseamos intentar “por última vez” la posibilidad de salir “al encuentro del amor”. Todas las escrituras delatan un trasfondo de honestidad, una transparencia en los sentimientos. 

,,,”Yo no tengo a nadie en el mundo ni familia ni amigos. Tú serías para mí como una bendición del cielo y el Hacedor hará justicia juntando nuestras almas” (Alejandro).

…”Soy una víctima de la soledad, después de perder a mi esposa y por ese motivo le pido a mi dios que mi mujer en segundas nupcias sea usted. Dígame cuándo la podré subir a los altares”. (Eduardo)

EL CANADIENSE 

Doña Leo tiene la opción. Está en sus manos. Parece decidirse; aún no está segura. Pero está dispuesta a enfrentar la posibilidad. Es un hombre que vive en tierras lejanas: Canadá. De común acuerdo deciden conocerse. Su galán vuela y trae en sus maletas más ilusiones qué proyectos concretos. Doña Leo comunica la buena nueva a sus amigos con los que ha sostenido las largas y conmovedoras conversaciones a través de las cartas. Hay un solo ganador y 139 perdedores. El cartero termina su arduo trabajo. Nuevamente es invitada a la televisión para que detalle este amor especial que sobrepasa las fronteras y el idioma. Aterriza su galán y se instala en su restaurante, en los días de fiestas patrias. El negocio de Doña Leo es un hervidero de clientes que se han multiplicado desde que apareció en las pantallas. La clientela tiene que reservar una mesa con varios días de anticipación. Le piden autógrafos. Todos quieren fotografiarse a su lado. Y su galán esperando mientras ella se mueve entre las mesas en medio de los aromas de las frutas del mar. Se miran desde lejos, porque no hay tiempo. ¿Cuándo podrán salir y tomarse de la mano y confirmar su mutuo amor tantas veces confesado a través de la correspondencia? El galán se va, decepcionado. Promete volver, y lo hace al día siguiente, pero se repite la situación. Una frontera inesperada los separa. Les resulta más fácil comunicarse por carta, ahora que están juntos, no pueden hablar. Y doña Leo no se atreve a dejar su clientela. Ahí termina el romance. El canadiense se va. Todo ha terminado y Doña Leo se queda una vez más sin capitán, por temor a un nuevo fracaso, recordando las ruinas de su primer matrimonio que, como ella confidencia, “a lo mejor me dejó traumada para siempre”. Regresa a la soledad. Ahí está ahora, y en las cajas de zapatos, donde guarda las 140 cartas de sus “maridos”, quedó registrada la vida íntima de hombres abrumados por la soledad que también siguen solos. Pero Doña Leo sigue esperando… 


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Referencias y notas
1. Alcalde, Alfonso(1972). Comidas y bebidas de Chile(1972). Colección Nosotros los chilenos, Editorial Quimantú. 
2. Olga Ostría R, especialista en estudios latinoamericanos de la universidad del Bío-Bío, menciona este relato en la interesante investigación Naúfragos y bufones en las crónicas urbanas de Alfonso Alcalde, publicada en la revista de estudios universitarios Atenea. Ostría también fue la investigadora responsable del rescate de las crónicas urbanas de Alcalde desde el archivo del diario El Sur. 

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